Solo, iluminado en medio de la oscuridad y acompañado por un piano convertido en pieza central de la escena, Eduardo Alegría transforma el teatro en un espacio de memoria, humor, música y confesión personal. La pieza funciona menos como una obra tradicional y más como una experiencia escénica en la que cada imagen, sonido y silencio tiene un propósito. Alegría, artista residente ICP este año, presenta aquí el proyecto desarrollado durante esa residencia artística en este unipersonal dividido en siete escenas que se desarrollan de forma continua, sin intermedio y sin romper nunca la atmósfera que construye desde el inicio.
By Sirio A. Álvarez in Pride Society Magazine









